enero 15, 2026

El 4 de diciembre de 2025 se cumplen cuatro años de la puesta en marcha de la Red Tulum, la reforma más profunda del transporte público sanjuanino en más de medio siglo. Hasta entonces, el sistema de colectivos prácticamente no había cambiado: líneas radiales que partían y terminaban en el microcentro, concesiones prorrogadas y una ciudad que crecía hacia los barrios periféricos sin que el esquema de movilidad se adaptara. El riesgo de colapso en la Plaza 25 de Mayo y en las calles céntricas obligó al entonces gobierno provincial, en el marco del Acuerdo San Juan durante la pandemia, a impulsar una reestructuración integral pensando en el “San Juan 2030”.

La Red Tulum reemplazó el modelo “todos al centro” por una lógica de líneas troncales de alta capacidad, líneas secundarias alimentadoras y conectores urbanos. Se licitaron nuevos recorridos urbanos, interurbanos y de media distancia, y se incorporó por primera vez un sistema de transbordo: los usuarios pueden combinar hasta dos colectivos diferentes en un lapso de 90 minutos con un solo boleto. Para esto se construyeron estaciones de transbordo como Córdoba y Mitre, pensadas como nodos donde convergen varias líneas y donde se concentra información, refugios y servicios.

El despliegue fue gradual. En 2021 se hicieron pruebas en los departamentos alejados y se lanzó la app RedTulum para que los usuarios se familiarizaran con recorridos y horarios. El debut masivo llegó el 4 de diciembre de 2021, con colectivos replotados, nuevos números y letras, y gratuidad del pasaje durante casi un mes para facilitar la adaptación. El inicio, sin embargo, fue caótico: desorientación de los pasajeros, estaciones colmadas de consultas y una fuerte resistencia de quienes habían viajado toda la vida con las líneas tradicionales.

A partir de 2022 comenzó una etapa de ajustes finos. El Gobierno abrió canales de reclamo, creó un consejo consultivo con municipios y Universidad Nacional de San Juan y, sólo en los primeros meses, modificó decenas de recorridos, creó nuevas líneas para zonas desatendidas y extendió frecuencias nocturnas y de primera hora para estudiantes y trabajadores. También se amplió la señalización: de unas 7.000 paradas totales, se llegó a más de 3.500 con cartelería identificatoria y se instalaron tótems electrónicos en puntos clave.

En paralelo se avanzó en la modernización tecnológica. La app sumó seguimiento en tiempo real mediante GPS, integración con tótems y luego con Google Maps; hacia fines de 2022 acumulaba millones de consultas y centenares de miles de descargas en una provincia de menos de un millón de habitantes. Se mejoró la flota con la incorporación de unidades 0 km con aire acondicionado y rampas para personas con discapacidad, se presentó el primer colectivo a GNC y se iniciaron estudios para incorporar ómnibus eléctricos en el mediano plazo.

El cambio de gobierno en 2023, con la llegada de Marcelo Orrego, no significó un giro de 180 grados sino una profundización de los ajustes. La nueva gestión introdujo modificaciones en cerca de la mitad de las líneas, priorizando conexión con hospitales, terminales y facultades, y reforzó servicios en departamentos alejados. También impulsó la modernización del pago: validación de cargas SUBE en el propio colectivo, implementación de SUBE digital con el celular y unificación del boleto escolar dentro del sistema electrónico. En la actualidad, el boleto escolar es totalmente gratuito en San Juan, lo que permite a miles de estudiantes viajar sin costo y con mayor facilidad operativa gracias a la SUBE digital.

El punto más sensible fue la tarifa. Tras años de boleto congelado y un esquema fuertemente subsidiado, el sistema entró en tensión económica. Entre 2022 y 2024 se sucedieron aumentos que llevaron el pasaje a valores similares a otras provincias, mientras el Estado provincial siguió cubriendo gran parte del costo por kilómetro ante la caída real de los subsidios nacionales. Hubo una caída inicial de la demanda, pero los registros de SUBE muestran que la cantidad de viajes se recuperó rápidamente y el colectivo continúa siendo el medio de transporte dominante en el Gran San Juan.

En la evaluación oficial, el balance a cuatro años es positivo: la Red Tulum permitió ordenar el tránsito del microcentro, extender el servicio a zonas que antes no tenían colectivos regulares, ofrecer transbordos gratuitos y acercar a San Juan a estándares de movilidad urbana moderna. Desde la mirada de los usuarios, el diagnóstico es más matizado: muchos valoran la mejora de unidades, la app y la llegada del servicio a nuevos barrios; otros critican la necesidad de hacer combinaciones, tiempos de viaje más largos en ciertos trayectos y añoran la simplicidad del esquema anterior.

Hoy la Red Tulum es un sistema en permanente ajuste. El gobierno prepara una nueva ley de transporte que le dé marco definitivo, analiza líneas experimentales más flexibles y planifica nuevas estaciones de transbordo barriales. Entre avances tecnológicos, cambios de recorridos, tensiones tarifarias y debates ciudadanos, una certeza se impone: a cuatro años de su implementación, el transporte público sanjuanino ya no es el mismo, y la Red Tulum se consolidó como la columna vertebral sobre la que se seguirá discutiendo la movilidad de la provincia en la próxima década.

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