Estados Unidos completó este miércoles su retirada militar de Irak, con la salida de las últimas tropas de la base aérea de Erbil, en la región autónoma del Kurdistán. El repliegue puso fin a la misión estadounidense en el país después de más de dos décadas de presencia militar, iniciada con la invasión de 2003.
La retirada estaba prevista en un acuerdo alcanzado en 2024 entre Washington y Bagdad durante la presidencia de Joe Biden. El proceso fue ejecutado por la administración de Donald Trump y culminó este miércoles, en un contexto particularmente sensible debido al conflicto entre Estados Unidos e Irán.
El Pentágono señaló que la salida representa el cierre de la misión de Operation Inherent Resolve, la operación iniciada en 2014 para combatir al Estado Islámico (ISIS) después de que el grupo conquistara amplias zonas de Irak y Siria. Las fuerzas estadounidenses contribuyeron a derrotar al ISIS como fuerza militar territorial, aunque el grupo mantiene células clandestinas en la región.
El nuevo escenario de seguridad
La retirada no implica el abandono de la lucha contra ISIS en Medio Oriente. Parte de las capacidades estadounidenses serán trasladadas a Jordania, desde donde Washington continuará desarrollando operaciones contra el grupo cuando sea necesario. También continuará el respaldo a Irak mediante entrenamiento e inteligencia.
Sin embargo, la salida genera interrogantes sobre la capacidad de las fuerzas iraquíes para asumir por completo las tareas de seguridad. Autoridades y especialistas han advertido que la pérdida de determinadas capacidades estadounidenses —principalmente inteligencia, vigilancia, apoyo logístico y sistemas de defensa— podría dificultar la respuesta ante una eventual reorganización de las células de ISIS.
El riesgo es especialmente relevante porque el Estado Islámico perdió el territorio que había controlado durante su expansión de 2014, pero no desapareció. Sus estructuras clandestinas continúan activas en distintas zonas de Irak y Siria.
Irán gana espacio
El otro gran efecto de la retirada es geopolítico. Irán y las milicias iraquíes alineadas con Teherán celebraron la salida estadounidense como una victoria, mientras distintos analistas consideran que la desaparición de las tropas estadounidenses puede ampliar el margen de influencia iraní sobre la política y la seguridad iraquíes.
Durante los últimos años, Irak funcionó como un espacio de equilibrio entre Washington y Teherán. El país mantiene vínculos políticos y económicos con ambos, mientras numerosas milicias chiitas respaldadas por Irán poseen una importante capacidad militar y política.
La salida estadounidense elimina, en ese sentido, uno de los principales contrapesos militares externos a la influencia iraní dentro de Irak. La evolución de esa relación dependerá ahora, en buena medida, de la capacidad del gobierno de Bagdad para consolidar el control estatal sobre las distintas fuerzas armadas y paramilitares que operan en su territorio.
Uno de los asuntos pendientes es precisamente el futuro de las milicias vinculadas con Irán. El proceso para su desarme continúa sin resolverse completamente y el plazo establecido por Bagdad fue extendido hasta junio de 2027.
El final de una etapa iniciada en 2003
La presencia militar estadounidense en Irak comenzó con la invasión de marzo de 2003, que derrocó al régimen de Saddam Hussein. Las tropas estadounidenses se retiraron en 2011, pero regresaron en 2014 como parte de la coalición internacional creada para combatir al Estado Islámico.
En más de dos décadas de conflicto, 4.500 militares estadounidenses murieron en Irak, según las cifras citadas por Reuters y el proyecto Costs of War de la Universidad Brown.
La salida de 2026 cierra así una etapa iniciada con la invasión de 2003 y continuada con la guerra contra ISIS. Para Irak comienza ahora una nueva fase en la que el Estado deberá asumir plenamente la responsabilidad de su seguridad, mientras intenta mantener el equilibrio entre sus relaciones con Estados Unidos, la influencia iraní y la amenaza todavía latente del extremismo yihadista.
El retiro estadounidense no supone, por lo tanto, el final de la disputa por la influencia en Irak. Lo que cambia es quién tendrá mayor capacidad para definir el equilibrio interno del país en ausencia de las tropas estadounidenses.
