Los técnicos del FMI dejaron un mensaje directo durante sus conversaciones con funcionarios locales: en los próximos meses hay que acumular reservas a un ritmo mucho más fuerte que el registrado en agosto y septiembre. La razón principal es que el Gobierno perdió la oportunidad de colocar deuda en el exterior cuando el riesgo país rondaba los 400 puntos. Desde entonces las condiciones se deterioraron: hoy el riesgo país está cerca de 600 puntos, mientras que las tasas de los bonos estadounidenses subieron casi 90 puntos, cerrando de facto el mercado para financiarse en dólares.
Según analistas locales, la brecha es importante: el Tesoro necesita conseguir unos 12.500 millones de dólares que no podrá obtener del mercado y que presionarán sobre las reservas del Central. El panorama se agrava si se suma la típica dolarización que ocurre en años electorales. De hecho, desde que partió la misión del Fondo de Buenos Aires, el Banco Central aceleró compras: en lo que va de octubre compra a un ritmo de 63 millones diarios, muy por encima de los 12 millones registrados en septiembre.
Cuando se presentó el programa con el FMI en julio, el plan preveía que el Tesoro emitiera 5.000 millones en bonos locales en dólares y que le comprara otros 5.000 millones al Banco Central, además de dejar un colchón de 3.700 millones. Esos números no se cumplieron. En lo que va del año, el Central compró casi 15.000 millones, pero tuvo que venderle 7.000 millones al Tesoro para que este pagara vencimientos de deuda.
El Gobierno enfrenta un dilema complejo para 2026: necesita acumular las reservas no conseguidas este año, profundizar la baja de la inflación y recuperar la economía tras la contracción del crédito. El presupuesto proyectaba crecimiento de 5% e inflación de 10%, pero los últimos relevamientos de expectativas del mercado ajustaron esas cifras a 1,5% de crecimiento con inflación del 30%, un escenario muy diferente al planificado.
