La declaración de Independencia firmada el 9 de julio de 1816, con el sanjuanino Francisco Narciso Laprida a la cabeza del Congreso, no fue aceptada de inmediato por España. Según relató Meglioli, el rey Fernando VII se negó rotundamente a admitir la emancipación de las Provincias Unidas del Río de la Plata y ordenó redoblar los esfuerzos para reconquistar el territorio.
El historiador contó además un dato curioso sobre la reacción sanjuanina ante la Revolución de Mayo de 1810. Cuando la noticia llegó a la provincia, unos 23 días más tarde, los vecinos festejaron el hecho pero, paradójicamente, siguieron manifestando fidelidad al monarca español, a quien consideraban una figura casi divina.
Meglioli explicó que esa lealtad persistente hacia Fernando VII fue uno de los motivos por los que España no vio en el ‘primer grito de libertad’ una amenaza inmediata. También aclaró que en esa época no todos los habitantes eran reconocidos como ‘vecinos’, un estatus reservado únicamente a las familias de la elite colonial, mientras el resto de la población ni siquiera era contabilizada oficialmente.
El reconocimiento definitivo de la independencia argentina recién llegó en 1859, bajo el reinado de Isabel II, hija de Fernando VII, quien había muerto en 1833 sin aceptar nunca la emancipación. Así, pasaron 43 años entre la declaración de Tucumán y su reconocimiento formal por parte de la corona española.

