febrero 23, 2026

La posibilidad de un ataque de Estados Unidos contra Irán vuelve a instalarse como escenario probable en Medio Oriente, en medio del mayor despliegue militar estadounidense en la región en más de dos décadas y mientras avanzan negociaciones nucleares indirectas entre ambas potencias.

Washington reforzó su presencia naval en aguas cercanas a Irán con el portaaviones USS Abraham Lincoln y su grupo de combate, a la espera de la llegada del USS Gerald R. Ford en los próximos días. El movimiento coincide con dos rondas de conversaciones indirectas entre Teherán y Washington, mediadas por Omán, que se realizaron en Mascate y Ginebra.

Si bien ambas partes hablaron de “avances”, persisten diferencias de fondo. Irán considera innegociable su programa de misiles y su respaldo a milicias regionales como Hezbollah y Hamás, mientras que Estados Unidos busca incluir esos puntos en cualquier acuerdo. En el plano nuclear, Teherán sostiene que solo discutirá la limitación de su programa, pero no aceptará el enriquecimiento cero que impulsa Washington.

En ese contexto, el presidente estadounidense advirtió que podría ordenar un ataque limitado si no se alcanza un pacto en un plazo de entre 10 y 15 días. También señaló que, de fracasar la diplomacia, ocurrirían “cosas malas” para la República Islámica.

La tensión impacta de lleno en la sociedad iraní. En Teherán, la posibilidad de una guerra domina las conversaciones cotidianas. Afshin, comerciante de 34 años, expresó a la agencia internacional EFE su temor ante un eventual inicio de ataques en los próximos días. Otros ciudadanos, como Amir, ingeniero informático de 29 años, consideran que un eventual conflicto podría derivar en cambios políticos internos.

Sin embargo, hay voces que rechazan cualquier intervención extranjera. Sara, abogada de 56 años, recordó los antecedentes de Irak, Siria y Afganistán y advirtió que una guerra “no trae democracia, trae caos”. En tanto, sectores afines al gobierno iraní califican de “traidores” a quienes apoyan una ofensiva externa y aseguran que el país responderá ante cualquier agresión.

Las autoridades iraníes ya anticiparon que un ataque podría derivar en una guerra regional, con represalias contra bases estadounidenses en Medio Oriente.
Por el momento, la guerra es una posibilidad y no un hecho concreto. Sin embargo, el despliegue militar y las advertencias cruzadas mantienen en vilo a la población, que sigue de cerca cada movimiento diplomático y militar en la región.

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