Rodrigo Gómez, el efectivo hallado sin vida en diciembre pasado, estaba siendo chantajeado por una banda que operaba desde los penales de Olmos y Magdalena. Se hacían pasar por policías y le exigían dinero tras un engaño en una app de citas.

La muerte de Rodrigo Gómez, el soldado voluntario que fue encontrado sin vida el pasado 16 de diciembre en la Residencia Presidencial de Olivos, ha dado un vuelco dramático. Lo que inicialmente se manejó con hermetismo bajo secreto de sumario, ahora revela una trama oscura de sextorsión y estafas virtuales que empujó al joven a tomar la peor decisión.
Según se desprende de la investigación liderada por la jueza Sandra Arroyo Salgado, Gómez había caído en una trampa tras contactarse con una supuesta joven de 19 años llamada “Julieta” a través de una aplicación de citas.
La mecánica del engaño
El vínculo virtual, que incluía intercambio de mensajes y fotos, se transformó en una pesadilla cuando el soldado recibió un audio de una mujer que aseguraba ser la madre de la chica, acusándolo de “degenerado” y afirmando que su hija era menor de edad (17 años).
Inmediatamente después, entró en escena un falso policía que comenzó a extorsionarlo. Le exigían sumas de dinero a cambio de “limpiar” la causa y evitar que fuera detenido. “Tengo a la madre en la otra oficina haciendo un quilombo bárbaro. En 24 horas vas a quedar detenido… Yo te puedo sacar limpio de esta, pero va a tener un costo económico”, se escuchaba en uno de los audios que recibió la víctima.
La verdad detrás de la estafa
Los peritajes digitales confirmaron que ni la joven, ni la madre, ni los policías existían. Todo era parte de una organización criminal que operaba desde el interior de las unidades penitenciarias de Olmos y Magdalena.
La carta que dejó Gómez antes de morir fue clave para destapar la olla. En ella, expresaba su desesperación: “A partir de esa app estoy con problemas legales y muchas deudas… Esos policías son más corruptos que otra cosa, me dejaron con muchas deudas, pero ya no importa”.
