febrero 26, 2026

De víctimas a cómplices necesarios: cuando la fe ciega destruye la capacidad crítica.

Argentina, con poco más de 40 años de democracia ininterrumpida, ha visto desfilar una pluralidad de figuras políticas, todas con un grado de relevancia e influencia innegable. Para desentrañar el argumento central de este análisis, es fundamental comprender una ecuación simple pero poderosa: relevancia = influencia, influencia = votos y, finalmente, votos = poder.

La Paradoja del Sistema Democrático

Si bien es indiscutible que, hasta la fecha, no existe un método superior para la elección de representantes que la democracia, sería ingenuo catalogarla de perfecta. Una máxima repetida es que “tener la mayoría de votos no garantiza ser la mejor opción”, una verdad que resuena en la realidad política. Este “fenómeno” se origina en la fórmula antes mencionada: la victoria no siempre recae en el candidato más competente, sino en el que logra ejercer mayor influencia sobre el electorado. ¿Dónde radica el problema? En la puerta que abre al fanatismo.

El Fanatismo como Venda que Ciega

No es un secreto que nuestro país ha transitado periodos de profunda inestabilidad, especialmente en lo económico; sin embargo, el daño trasciende lo material. Esta constante inestabilidad ha actuado como un potente catalizador que profundiza la denominada “grieta”, transformando el debate público en una batalla de trincheras donde el adversario político muta en enemigo.

Es en este contexto de vulnerabilidad social donde surgen y se afianzan los fanáticos (o “termos”, como se los llama coloquialmente) de ciertas figuras políticas. Es crucial trazar una línea: apoyar a un candidato, poseer una ideología o militar un proyecto son pilares de la salud democrática. El problema se vuelve medular cuando esa adhesión degenera en un acto de fe ciega que anula la capacidad de discernir la realidad. El fanatismo opera como una venda: se aplaude la gestión acertada, pero se llega a justificar lo injustificable ante decisiones perjudiciales. Si aceptamos la premisa de que la cantidad de votos no equivale a la calidad de la opción, el fanático se convierte en el cómplice necesario de ese error, abdicando de su pensamiento crítico y permitiendo que la “influencia” prevalezca sobre la gestión real.

Las Caras Opuestas de la Misma Moneda

Para calibrar la dimensión de esta problemática en nuestro panorama actual, es imprescindible llevar la discusión del fanatismo al plano de los ejemplos concretos. Aunque la ceguera ideológica es un riesgo latente en todo el espectro político, su manifestación en la Argentina contemporánea se ilustra a través de dos actores clave que, ya sea por su trayectoria histórica o por su reciente irrupción, encarnan perfectamente el fenómeno: las agrupaciones que han sabido capitalizar la pasión popular históricamente y la “nueva” fuerza política.

El Peronismo; Un Caso de Estudio Histórico

El peronismo, el kirchnerismo y sus vertientes se encuentran entre las fuerzas que más años han gobernado desde el retorno democrático, adoptando un estilo que a menudo se describe como “populista”. Este enfoque prioriza, en ocasiones, la búsqueda inmediata de votos y un conformismo momentáneo por encima del bienestar futuro de la población, una estrategia intrínsecamente peligrosa no solo para la salud democrática, sino para la estabilidad misma del país.

¿Por qué se los presenta como un ejemplo paradigmático? Porque, si bien no son el único caso, representan el sector que considero más propenso a la ceguera frente a la realidad, tanto de sus administraciones como de las ajenas. Es un error atribuir toda la culpa a los gobiernos peronistas, casi tan ingenuo como culpar únicamente a los dos años de gobierno de Milei. Lamentablemente, esta última es la afirmación que a menudo se repite entre la militancia y, de manera más preocupante, por las propias figuras del partido.

La falta de autocrítica es un reproche persistente hacia un peronismo al que le cuesta reconocer sus fallas. No son, ni de lejos, el único caso, pero… ¿es racional sostener que dos años de una gestión pueden destruir un país? La respuesta es un rotundo no. La autocrítica es la herramienta más valiosa del ser humano para progresar y corregir el rumbo. Sin duda, este es un punto medular que DEBERÍA ser considerado en futuras elecciones.

El Liberalismo; Un Fenómeno en Crecimiento (Por Ahora Moderado)

La ya no tan “novedad” del panorama es el movimiento libertario, una fuerza que creció exponencialmente y se consolidó con la victoria de Javier Milei en 2023, siendo hoy uno de los grupos con mayor expansión.

Inicialmente estereotipados como un reducto de jóvenes que solo buscaban acceder a bienes y servicios extranjeros a menor costo, hoy la base de apoyo a las ideas del presidente muestra una pluralidad creciente. Un crecimiento de tal magnitud inevitablemente atrae a personas con un conocimiento superficial de las propuestas. Esto se traduce, especialmente en redes sociales, en respuestas que a menudo carecen de sentido, son desacertadas o adoptan un tono de burla. Si bien el fenómeno aún no alcanza el extremo criticado del peronismo, son actitudes que deberían mitigarse para evitar caer en el mismo error.

Un aspecto positivo que SÍ se puede destacar del espacio libertario es la cultura de la crítica, sobre todo en la “militancia”, hacia sus propias figuras, exigiéndoles constantemente autocrítica ante los errores.

La Ingeniería de la Polarización Extrema

Otro componente fundamental para entender el fanatismo político es la polarización, pero no en términos generales, sino aquella que los líderes políticos buscan intencionalmente generar.

Desde hace un tiempo, no solo en nuestro país, se observa una creciente tendencia de figuras políticas que buscan dividir o extremar las posturas. Este comportamiento es uno de los mayores contribuyentes a la fragmentación social y, de la mano, alimenta el pensamiento de que “mi candidato es perfecto y los demás son inútiles”.

La polarización es uno de los factores que más preocupación me generó al investigar para esta nota. Cada vez más referentes políticos, de forma directa o indirecta, utilizan un discurso que incita a la división social en lugar de buscar el consenso.

Reflexión Final

La pasión por la política es un motor positivo; nos invita a informarnos y a involucrarnos en un ámbito que nos concierne a todos. El conocimiento es el mejor escudo en tiempos como los actuales para combatir la desinformación y la búsqueda constante de la polarización extrema. El fanático siempre será una pieza presente, sobre todo porque a los políticos les resulta conveniente y funcional contar con personas que, sin importar la calidad de su gestión, les depositarán ciegamente su voto de confianza.

La autocrítica es el camino para evitar la ignorancia, la ceguera y el aislamiento de la realidad nacional. No existe el voto ni el candidato perfecto, pero podemos acercarnos a un país mejor si ejercemos nuestro derecho a conciencia.

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