Ricky Gervais: Lo políticamente incorrecto como marca registrada
Comediante, actor, escritor, twittero, alguna vez músico y debería decir “sociólogo” aunque su CV asi no lo indique. No se puede sostener una charla sobre comedia sin que aparezca el nombre de Ricky Gervais, un tipo que va a la vanguardia en la batalla contra la demagogia, la corrección política forzada y la cultura de la cancelación. Alguien a quien no le tiembla el pulso a la hora de decir lo que piensa sin importar a quien ofende en el camino y que disfruta de exponer la hipocresía de la sociedad bajo la premisa de que los chistes y comentarios ácidos son simplemente eso, chistes. Es un contenido del que, créanme, vale la pena hablar.
Antes de llenar estadios con especiales de stand up incómodos y monólogos filosos, Gervais recorrió un extenso y multifacético camino al éxito. Nacido en 1961 en Reading, en el condado de Berkshire, Reino Unido. Intentó primero con la música (tuvo una breve aventura new wave en los 80), trabajó en radio junto a Stephen Merchant y Karl Pilkington, y recién después encontró en la comedia su verdadero territorio. Esa trayectoria zigzagueante explica parte de su estilo: un humor que parece improvisado pero está milimétricamente construido.
A inicios del siglo XXI Ricky Gervais escribió y luego dirigió junto con su socio creativo Stephen Merchant, un experimento televisivo llamado The Office. En el año 2001 la BBC estrenó el programa, una comedia incómoda, filmada en formato de falso documental (en ese momento bastante innovador), ambientada en una oficina gris de Slough. David Brent —interpretado por el propio Gervais— redefinió el humor británico y, de paso, cambió para siempre la sitcom moderna. El formato mockumentary que hoy parece moneda corriente nació ahí como apuesta arriesgada y terminó convirtiéndose en estándar global.

El fenómeno The Office no solo ganó premios BAFTA y un Globo de Oro; también generó una de las adaptaciones más exitosas de la televisión estadounidense, con Steve Carrell al frente. Sin embargo, el ADN incómodo y socialmente torpe del original británico sigue siendo el corazón del concepto: la risa como espejo incómodo de nuestras miserias laborales.
Pero si algo consolidó a Gervais como figura global fue su paso por los Globos de Oro, acá es donde yo particularmente entré en su universo. No recuerdo exactamente la primera vez que lo vi, pero seguramente fue navegando las interminables aguas de YouTube. Lo que si recuerdo es no poder creer como un tipo se animaba a reírse en la cara de los miembros de una de las industrias más importantes e influyentes del mundo, el espectáculo. Sus monólogos como anfitrión —especialmente el de 2020— se convirtieron en virales instantáneos: bromas contra Hollywood, contra la hipocresía de la industria y contra la solemnidad de los premios, incluso utilizando la vida privada y escándalos de las estrellas como disparador de sus bromas, aquí van algunos ejemplos:
“El Irlandés fue una película increíble, pero larga, de hecho es tan larga que para cuando terminó, la novia de Leo DiCaprio era demasiado vieja para él”
“Si ganan un premio esta noche, no lo usen como medio para dar un discurso político, no están en posición de aleccionar al público en nada. No saben nada del mundo real, la mayoría de ustedes estuvo menos tiempo en la escuela que Greta Thunberg. Asique, si ganan, suban aquí, acepten su trofeíto y váyanse a la mierd…”
“Con todos ustedes el protagonista de la “súper comedia” The Martian. También es la única persona a la que Ben Affleck no ha sido infiel: ¡Matt Damon!”
“Cuando Brad y Angelina vean a nuestros dos próximos presentadores van a querer adoptarlos. Con todos ustedes Ken Jeong y Kevin Hart”

En una era cada vez más sensible a la corrección política, Gervais eligió el camino opuesto: la provocación frontal.
Esa postura lo volvió un ícono para algunos y un blanco de críticas para otros. Especiales como Humanity (2018), SuperNature (2022), Armageddon (2023) o Mortality (2025) profundizan su obsesión por tensar los límites del humor contemporáneo. Gervais defiende la idea de que el stand-up debe incomodar, que la gravedad de un comentario depende siempre de su contexto e intención y que el chiste no es una declaración ideológica sino un dispositivo para explorar lo prohibido.

En paralelo, su serie After Life (2019–2022) mostró otra faceta: más introspectiva, más melancólica. Allí, el sarcasmo convivía con el duelo y la vulnerabilidad. Fue un éxito global en Netflix y reveló que detrás del polemista también hay un narrador sensible, capaz de construir emoción sin perder filo.
A 25 años del estreno de The Office, el legado de Gervais es doble. Por un lado, redefinió la comedia televisiva contemporánea. Por otro, se convirtió en símbolo del debate actual sobre los límites del humor, el rol de las celebridades en la conversación pública y la frontera entre conciencia social y performatividad. En tiempos de redes sociales y cancelaciones, su figura funciona como termómetro cultural: cada nuevo especial no es solo entretenimiento, sino un análisis descontracturado pero profundo de la coyuntura pública.

Ricky Gervais entendió algo clave: la risa siempre está ligada al contexto. Lo que hoy incomoda, mañana puede volverse clásico. Y lo que ayer parecía irreverente, hoy es parte del canon. Su universo cómico no busca consenso; busca reacción. Y en la cultura pop del siglo XXI, generar reacción ya es una forma de permanencia.
(Para los que quieran entrar en este universo, sinceramente no veo un único punto de partida, ya que hay variedad en cuanto a los formatos. Pero en mi opinión, la forma más rápida de descubrir si su estilo de humor es para vos es mirar un compilado en youtube de sus discursos en las ceremonias de los Globos de Oro: Pick performance de la comedia, como dicen los jóvenes).
