Durante un discurso de 108 minutos ante el Congreso, el presidente Donald Trump desplegó una defensa cerrada de su programa de gobierno, endureció sus críticas contra el Partido Demócrata y volvió a colocar a Irán en el centro de su agenda internacional.
La escena se desarrolló en el Capitolio, con Trump ubicado al frente del hemiciclo, escoltado por el vicepresidente J. D. Vance y el titular de la Cámara de Representantes, Mike Johnson. Desde allí, el mandatario condujo una intervención cuidadosamente estructurada, que combinó datos económicos, referencias culturales y mensajes políticos dirigidos tanto a sus aliados como a sus adversarios.
“Nuestra nación ha regresado, más grande, mejor, más rica y más fuerte que nunca”, afirmó al inicio, antes de proclamar lo que definió como “la era dorada de Estados Unidos”.
A lo largo de su exposición, Trump reivindicó su política económica, defendió su estrategia contra la inmigración indocumentada y destacó su enfoque en política exterior. Sostuvo que la inflación está en retroceso, que la economía atraviesa un período de expansión y que Estados Unidos volvió a ser respetado en el escenario global.
Cada una de esas afirmaciones fue celebrada de pie por los legisladores republicanos, mientras que las bancadas demócratas mantuvieron una postura distante y sin aplausos, marcando la profunda grieta política que atraviesa Washington.
Cruces con la Corte Suprema y los demócratas
El tono se volvió más áspero cuando el presidente cuestionó un reciente fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos que limitó su esquema de aranceles recíprocos. Trump calificó la decisión como “muy desafortunada” y defendió los gravámenes como herramientas clave para negociar acuerdos económicos y de seguridad nacional.
La tensión escaló aún más al referirse a la negativa demócrata de financiar al Departamento de Seguridad Nacional, en medio del debate por la política migratoria. En ese contexto, lanzó una dura acusación contra la oposición.
“Esta gente está loca”, expresó desde el estrado.
La representante demócrata por Minnesota, Ilhan Omar, le respondió a los gritos desde su banca. El intercambio derivó en la salida de Omar y otros legisladores del recinto, en un episodio poco habitual para una sesión de esta magnitud.
El mensaje a Irán
En el tramo internacional, Trump mencionó la situación en Venezuela, Cuba y México, pero reservó uno de los pasajes más enfáticos para Irán. Sin nombrarlo directamente, envió un mensaje al líder supremo iraní, Ali Khamenei.
“Prefiero resolver este problema por la vía diplomática. Pero jamás permitiré que el principal patrocinador del terrorismo del mundo tenga un arma nuclear”, advirtió.
El discurso dejó en claro que la cuestión nuclear iraní seguirá siendo uno de los ejes centrales de su política exterior y un factor de tensión permanente.
Clima de campaña
Más allá de los anuncios y las definiciones, la intervención tuvo un marcado tono electoral. Trump consolidó el respaldo republicano y dejó planteada una confrontación directa con los demócratas de cara a las elecciones de medio término, un test decisivo para el equilibrio de poder en Washington.
En el Capitolio, el mensaje fue claro: la polarización no sólo continúa, sino que se profundiza.
