El precio internacional del petróleo registró fuertes subas este lunes luego de que Irán lanzara ataques contra infraestructura energética y buques en el Golfo, en el marco de la escalada bélica iniciada el fin de semana.
El crudo Brent llegó a subir hasta un 13%, alcanzando los 82,37 dólares por barril, su valor más alto desde enero de 2025, antes de moderar la suba y ubicarse en torno a los 78,87 dólares, con un avance cercano al 8%. En paralelo, el WTI tocó un pico intradiario de 75,33 dólares y luego se estabilizó en torno a los 72,17 dólares, con un incremento del 7,7%.
La reacción del mercado se produjo tras la interrupción del tráfico marítimo en el estratégico estrecho de Ormuz —paso clave entre Irán y Omán que conecta el golfo Pérsico con el mar Arábigo— y el bombardeo iraní a la refinería de Ras Tanura, operada por la petrolera saudí Saudi Aramco, considerada una de las más grandes del mundo. También se reportó el ataque a un petrolero en el golfo de Omán.
La tensión se enmarca en el tercer día de enfrentamientos tras el asesinato del líder supremo iraní, Ali Khamenei, en un operativo conjunto atribuido a Estados Unidos e Israel. Desde entonces, Irán lanzó misiles contra territorio israelí y contra países árabes aliados de Washington.

Analistas internacionales señalaron que el mercado refleja la incertidumbre sobre la magnitud y duración del conflicto, así como su posible impacto en la estabilidad regional y en el suministro global de energía. Algunos especialistas habían anticipado que el barril podría acercarse a los 100 dólares, aunque por el momento la suba fue menor a la prevista inicialmente.
En este contexto, los mercados bursátiles europeos operaban con caídas generalizadas. El índice paneuropeo STOXX 600 retrocedía 1,8% y tocaba su nivel más bajo desde mediados de febrero.
En contraste, las grandes compañías energéticas como Shell, BP y TotalEnergies registraban subas superiores al 5%, acompañando el repunte del precio del crudo.
El escenario internacional permanece marcado por la volatilidad y la incertidumbre, con los mercados atentos a la evolución del conflicto y a su impacto sobre el comercio global de energía.
