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Emiliano Rizzetto, un sanjuanino radicado en Barcelona, contó a CUYOVISIÓN cómo fue vivir la final del Mundial rodeado de miles de hinchas españoles entre cargadas, tensión y una larga caminata de regreso.
La final del Mundial 2026 dejó una profunda tristeza para los argentinos. Mientras España celebraba la conquista de la Copa del Mundo en las calles de Barcelona, el sanjuanino Emiliano Rizzetto, que vive en esa ciudad desde hace varios años, experimentó la otra cara de la fiesta: la de quienes debieron digerir la derrota lejos de casa y en medio de los festejos del rival.
En diálogo con CUYOVISIÓN, Rizzetto relató que siguió el partido en un boliche donde un grupo de argentinos había organizado un evento especial para ver la final. El lugar contaba con pantallas gigantes, barra y un clima totalmente albiceleste. Incluso asistió junto a un amigo llevando una réplica de la Copa del Mundo, convencidos de que sería una jornada de celebración.
Pero el panorama cambió por completo cuando terminó el encuentro. Al salir a la calle, los argentinos se encontraron con miles de españoles festejando el título. “Nos empezaron a cantar y a bardear. Nos gritaban ‘chau, Messi’, nos decían de todo”, recordó. Según contó, en uno de los cruces un hincha español comenzó a desafiarlo y la situación estuvo a punto de pasar a mayores, aunque la intervención del personal de seguridad evitó que hubiera agresiones físicas.
Las dificultades no terminaron ahí. Debido al operativo de seguridad y a las calles colapsadas por los festejos, el transporte público dejó de funcionar con normalidad. Sin colectivos ni metro disponible, Emiliano y sus amigos tuvieron que caminar durante aproximadamente una hora por la Gran Vía de Barcelona, atravesando una ciudad completamente tomada por las celebraciones españolas. Durante el trayecto recibieron nuevas cargadas de hinchas locales y también de algunos latinoamericanos que se habían sumado a los festejos.
A pesar del mal momento, también hubo lugar para la solidaridad entre compatriotas. “Nos cruzábamos con otros argentinos y nos dábamos ánimo entre nosotros”, recordó. Ya sobre el final de la noche, un desconocido intentó consolarlo con una palmada en la espalda, aunque Emiliano reconoció que todavía estaba tan afectado por la derrota que reaccionó con enojo. “Hoy me acuerdo y me río, pero en ese momento tenía una bronca bárbara”, confesó.
La experiencia refleja cómo una final del Mundial puede vivirse de manera muy distinta según el lugar del mundo donde uno se encuentre. Para este sanjuanino, el partido no terminó con el pitazo final: continuó entre festejos ajenos, cargadas y una caminata inolvidable por las calles de Barcelona, en una noche que difícilmente olvidará.

