A partir del 12 de octubre comenzó el traslado de los detenidos desde Devoto hacia Marcos Paz, en una decisión acordada entre el Gobierno nacional y las autoridades porteñas. Aunque el cambio se presentó como un tema administrativo vinculado a las condiciones edilicias del viejo establecimiento, el verdadero impacto fue la interrupción abrupta de un proyecto educativo considerado una de las experiencias más significativas del sistema penitenciario argentino.
El Centro Universitario Devoto nació en 1986 como resultado de un convenio entre la Universidad de Buenos Aires y el Servicio Penitenciario Federal. La iniciativa reconocía el derecho a la educación superior de las personas encarceladas y creó un espacio donde la lógica universitaria reemplazaba la vigilancia y subordinación típica de las cárceles. Cuarenta años después, cientos de internos habían logrado completar sus estudios y obtener títulos universitarios.
Más allá de los títulos obtenidos, el CUD representaba para los estudiantes privados de libertad una oportunidad de transformación personal profunda. El acceso a la educación permitía recuperar la propia identidad más allá de la condición de detenido, generar lazos de solidaridad entre compañeros y reducir la tensión que caracteriza la vida carcelaria. Profesores y especialistas señalan que la interrupción intempestiva de estos procesos educativos afecta directamente posibilidades concretas de reconstrucción vital.
La decisión de cerrar el CUD sin contemplar alternativas para continuar el programa en Marcos Paz refleja, según críticos, la indiferencia estatal frente a derechos fundamentales consagrados. En una sociedad acostumbrada a convivir con arbitrariedades, ciertas decisiones administrativas que impactan profundamente en vidas humanas suelen pasar desapercibidas, aunque sus consecuencias sean irreversibles para quienes las sufren.
