27 de agosto de 2026
Del infierno de las adicciones al sueño de ser profesional: la historia de Agustín y cómo el boxeo le salvó la vida

Agustín encontró en el boxeo mucho más que un deporte. Después de atravesar años marcados por la depresión, las adicciones, las malas decisiones y pérdidas familiares que lo llevaron a tocar fondo, encontró en un gimnasio, en sus compañeros y en la disciplina una oportunidad para reconstruir su vida.

Hoy habla de aquel pasado desde otra perspectiva, sin esconder lo que vivió y con la convicción de que cada experiencia le dejó un aprendizaje. El boxeo se convirtió en una herramienta fundamental para mantenerse firme, cambiar sus hábitos y recuperar aquello que había perdido: su esencia. Ahora, con una nueva vida y nuevos objetivos, Agustín se prepara para cumplir otro de sus grandes sueños: debutar como boxeador profesional y dejar su propia marca.

1. ¿Cómo nació tu vínculo con el boxeo y qué fue lo primero que te atrapó de este deporte?

Mi vínculo con el boxeo fue a través de otras disciplinas y de la necesidad de descargar lo que en otros deportes no encontré jamás. Lo que más destaco y lo que me atrapó fue la disciplina que conlleva.

2. ¿Qué significa hoy el boxeo en tu vida?

El boxeo en mi vida hoy significa todo. Fue lo que me salvó y me sacó del pozo en el que estuve tantos años, y me brindó el Agustín que hoy soy.

3. ¿Qué sentís arriba de un ring que no sentís en ningún otro lugar?

Lo que siento arriba del ring es único: una inyección de adrenalina al 100 % y muchas ganas de poner en práctica todo lo que trabajo día a día.

4. ¿Qué te enseñó el boxeo que va mucho más allá de tirar golpes?

Lo fundamental que me enseñó el boxeo es el respeto por el otro y que, a pesar de recibir tantos golpes o perder, lo importante es saberse levantar y volver a intentarlo.

5. Antes de encontrar el boxeo, atravesaste una etapa complicada de tu vida. ¿Cómo recordás aquellos años?

Hoy recuerdo esos años desde otra perspectiva. Intento recordarlos de la manera más comprensiva posible porque puedo ver a una persona que estuvo enferma, mal, estancada y rodeada de porquería; un Agustín lejos de Dios, de la esperanza y sin vida.

Me cuesta mucho recordar todo lo que pasé e hice pasar porque fue muchísimo, pero hoy abrazo a ese yo del pasado y lo suelto. Me enseñó, y soy muy creyente de que todo lo que tuve que pasar fue con un fin: valorar la vida real y hasta las cosas más simples, como hoy lo hago.

6. ¿Hubo algún momento puntual en el que dijiste: “Tengo que cambiar”?

Hubo varios momentos en los que toqué fondo, pero sí, hubo un momento en el que era cambiar o morir.

7. Si pudieras sentarte hoy frente al chico que eras en esos años, ¿qué le dirías?

Le pediría perdón por haberme descuidado tanto y por no haberme querido, por haberme quitado tantos años de vida. Pero, sobre todo, hoy le agradecería.

8. ¿Qué te dio el boxeo que ninguna otra cosa pudo darte?

Amigos que amo con el alma y que me ayudaron a cambiar de vida y de visión. Sobre todo, nunca me dejaron solo. Me conocieron cuando por mí nadie daba ni un peso y, hasta el día de hoy, nunca me abandonan. Creen y apuestan en mí.

9. ¿Te costó más ganar peleas arriba del ring o ganar la pelea personal que tenías afuera?

Y, mirá, yo soy muy consciente de que tengo una batalla que ganar todos los días de mi vida, en lo personal, hasta que me muera, y estoy dispuesto a ganarla siempre. Arriba del ring juega otro personaje, con un desafío distinto, pero con el mismo objetivo.

10. ¿Qué sueño te queda por cumplir arriba del ring?

El sueño final es poder dejar un legado, una marca, un título mundial.

Ahora, el próximo objetivo que se aproxima es el debut profesional.

11. ¿Qué le dirías a un pibe que hoy está atravesando una situación parecida a la que vos atravesaste?

Le diría que aproveche el tiempo y el hoy, que no deje pasar un día más y que active de la manera que sea: con tratamiento, ayuda familiar, amigos, deportes, iglesia, con lo que sea. Pero que no deje pasar un día más.

Es hermoso, después de estar tan ciego, poder ver con claridad. Y sí se puede.

Testimonio

“Mi vida fue casi una guerra permanente desde chico. Tuve una hermosa familia, pero arrastramos mucho todo lo que tiene que ver con la depresión y también con la adicción.

Me metí en la calle. Fue una mala elección de chico. Era muy rebelde y varias cosas me llevaron a conocer el vicio. Empecé con un cigarrito hasta terminar con una adicción brutal a la cocaína, pero pasé por todas las drogas. Cualquier cosa que tocaba me hacía adicto. Tenía un problema con todo. Esa era la realidad.

Creo que, al final, el problema es con uno mismo. De eso soy muy consciente y muy creyente.

Transcurrió mi vida y pasaron un montón de cosas. De chico me ocurrieron situaciones difíciles. Siempre lidié mucho con la depresión y después con la adicción. Después era depresión, adicción, adicción y depresión, así, literalmente.

Con los años falleció un amigo que era mi mejor amigo. Me encontró con las peores juntas, muy mal parado en la calle y en las peores condiciones. No me dejaba ni recomponer un poco la vida. Al poco tiempo falleció mi viejo.

Se murió mi viejo y me encontró con dinero, perdido y completamente destruido. Estuve años así. Perdí todo. Y no hablo solamente de lo económico. No te hablo solamente de autos, dólares, cosas materiales o una casa; te hablo de que me perdí a mí, perdí el alma, perdí mi esencia.

Me terminé destruyendo y me transformé en lo que transforma la droga: una persona más fría, especuladora, manipuladora, una mala persona realmente. Eso es lo que lleva a esta mierda, sobre todo la cocaína.

Siempre tuve el deporte inculcado. Hice MMA de chico, a los 17 años, porque me metió mi mejor amigo. Peleé MMA, pero la calle me podía más y, para eso, hay que tener una disciplina intachable. Yo no la tenía.

Entonces iba y volvía. La calle me llevaba a las cosas malas. Me llevaba el diablo, el destino, el universo, lo que sea, las malas juntas; todo me llevaba y yo no me podía frenar.

Era una autodestrucción al 100 %. No te estoy exagerando nada. No tengo drama en contarlo ni en ser detallado. Lo que menos quisiera hacer es afectar con recuerdos a alguien que me vea o me escuche, porque realmente es un tema muy delicado para mí.

Pero bueno, conocí el boxeo y el mundo del boxeo. Entre las cosas que rescato están el club y los grandes amigos que encontré ahí. Personas como ellos las voy a destacar siempre. Son amigos de verdad, desinteresados, que me sacaron de la droga, literalmente, con el acompañamiento de mi vieja y de Ricardo, que es como un papá para mí, como mi viejo.

Amigos y gran apoyo de Agustín.

A Ricardo lo llevo tatuado. Es la única familia que llevo tatuada y no es de sangre. Es alguien que quiero para mí.

También fui peleando. Sin mentirte, tuve pequeñas recaídas. Prefiero aclarar que no fueron tan fuertes como cuando salía y solía drogarme.

El deporte empezó a condicionarme de otra manera. Me sentía más culpable y, al mismo tiempo, sentía que me ataba por el lado positivo.

El tema es que, de un momento para otro, ya no tuve más recaídas, pero todavía seguía coqueteando con esa situación. Después de pelear me iba a tomar un vasito; estaba ahí, rozando la mierda y tomando alcohol.

Y si yo quiero ser profesional, que es lo que quiero, voy a serlo y voy a lograr cosas grandes, hermano, porque me lo he propuesto. Los resultados hablan de lo que pude hacer sin tomar alcohol: disciplinado, tomando buenas decisiones, siendo pensante y tranquilo ante la vida misma, ante las circunstancias y ante los momentos difíciles.

Entonces tomé una decisión. Llevaba cuatro meses sin tomar alcohol y decidí que no iba a tomar nunca más. El alcohol está tachado y, obviamente, por todo lo que arrastra y por todo lo relacionado con la adicción, es chau.

Así que estamos dando un cambio gigante. Los resultados, como te digo, se exponen solos.

En simples palabras, el boxeo me salvó la vida. Literalmente me salvó la vida.

Me mostró que sí se puede, que hay que laburar mucho y que requiere esfuerzo. Para tener una vida hay que dejar otra, hermano.

La verdad es que estoy muy agradecido con todo lo que me toca. Vivo el día a día y trato de disfrutarlo lo más que puedo, sin dejar de ser humano nunca ante la vida. No solamente con el boxeo, sino en todo.

Trato de ser el mejor: el mejor papá, en lo posible; el mejor hijo, el mejor nieto y la mejor persona que pueda ser, loco.

Ese es un resumen, más o menos, de lo que ha sido mi vida hasta el día de hoy.”