Hace 210 años, cuando se declaró la Independencia argentina, San Juan era una provincia con escaso acceso a la educación y la cultura. El periodista e investigador Luis Meglioli detalló en Compacto 13 que la enseñanza formal se limitaba a una sola institución, la Escuela de la Patria, que hasta 1810 se había llamado Escuela del Rey, y que la formación estaba estrechamente ligada a la religión.
Conseguir un libro era prácticamente una hazaña. Solo las familias con recursos y contactos en Buenos Aires o Europa podían encargarlos, con esperas de varios meses por las travesías de la época. Además, aun cuando los ejemplares llegaban a destino, la Iglesia ejercía un control estricto sobre las lecturas permitidas y prohibía publicaciones que consideraba peligrosas para los valores vigentes.
La situación era todavía más restrictiva para las mujeres, que no tenían acceso a la escuela y en muchos hogares ni siquiera podían leer. Según explicó Meglioli, ese panorama recién comenzó a modificarse décadas después, con el impulso de Manuel Belgrano primero y, más tarde, de Domingo Faustino Sarmiento, quien bregó fuertemente por la educación de las mujeres en la provincia. El investigador remarcó también que las bibliotecas privadas eran casi inexistentes en 1816 y que muchos de los pocos libros que circulaban en manos de familias pudientes terminaron después en el patrimonio del Museo Histórico Provincial Agustín Gnecco, sobre todo tras el terremoto de 1944.
Pese a ese contexto de limitaciones, San Juan logró dar dos figuras clave para el Congreso de Tucumán: Francisco Narciso de Laprida, quien presidió el cuerpo el día de la declaración de la Independencia, y Fray Justo Santa María de Oro, con un rol destacado en los debates. Ambos se habían formado fuera de la provincia y llegaron a Tucumán con el respaldo de José de San Martín, que impulsaba la necesidad de una declaración formal de independencia. Meglioli también recordó que la economía sanjuanina dependía entonces de intermediarios para vender su producción, una limitación que recién se modificó con la llegada del ferrocarril décadas más tarde.

