18 de octubre de 2026
Cierra la histórica cárcel porteña de Devoto tras casi un siglo
La penitenciaría de Buenos Aires que funcionó desde 1927 en el barrio de Devoto cerró sus puertas definitivamente y trasladó a sus internos, cerrando un capítulo de casi cien años marcado por fugas célebres, motines sangrientos y figuras emblemáticas del crimen argentino.

El cierre de la cárcel de Devoto pone fin a una institución que durante décadas fue sinónimo de máxima seguridad en el país. Inaugurada en terrenos donados por la familia Visillac, el presidio funcionó entre las calles Bermúdez, Nogoyá, Desaguadero y Pedro Lozano, y se convirtió en parte del paisaje urbano porteño pese a que los planes originales del conde Antonio Devoto imaginaban la zona como un barrio residencial de mansiones e instituciones. Los reclusos fueron trasladados al penal federal de Marcos Paz.

A lo largo de su existencia, Devoto albergó a criminales que marcaron la crónica policial argentina. Entre sus muros estuvieron presos el asesino serial Carlos Robledo Puch, los secuestradores Arquímedes Puccio y su hijo Alejandro, los hermanos Schoklender y Luis Valor, jefe de la banda que asaltaba bancos. En 1994, Valor protagonizó una de las evasiones más recordadas al escapar deslizándose por las paredes con sábanas mientras intercambiaba disparos con los guardias.

El presidio también fue escenario de tragedias brutales. En 1962, un motín en el Pabellón 4 dejó 36 muertos entre internos y personal penitenciario, mientras que en 1978 la masacre del Pabellón Séptimo acabó con la vida de 65 detenidos por asfixia, quemaduras o disparos. La cárcel trascendió la realidad policial: de allí surge la frase futbolera “de la gloria a Devoto” tras la detención de jugadores de Estudiantes en 1969, y allí ocurrió el “Devotazo” del 25 de mayo de 1973 cuando el presidente Héctor Cámpora ordenó liberar a cientos de presos políticos y criminales.

El cierre de Devoto representa el fin de una institución que, aunque marcó negativamente el barrio con su presencia durante casi cien años, quedará grabada en la historia del país como testigo de episodios que combinaron drama criminal, política e impacto cultural en la sociedad argentina.

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