El operativo que parecía haber desenterrado un tesoro clandestino se derrumbó tras los peritajes. Los supuestos lingotes de oro encontrados en el interior de un inodoro resultaron ser piezas de cerrobend, un material industrial utilizado en tratamientos de radioterapia. El valor estimado de 1.200 millones de pesos se evaporó.
El descubrimiento ocurrió en la casa de un hombre de 50 años vinculado a los últimos movimientos de Mario García, la víctima del homicidio y descuartizamiento que conmocionó a la localidad santacruceña. García había denunciado públicamente a la policía local por presuntas zonas liberadas y complicidad con el narcotráfico.
Con el desmoronamiento de la hipótesis del robo minero, la investigación continúa enfocada en esclarecer los verdaderos motivos del crimen. La causa mantiene las sospechas sobre posibles responsabilidades tanto de funcionarios policiales como de autoridades políticas en el caso.
El giro de la pesquisa deja en evidencia que el hallazgo inicial, en lugar de revelar un crimen vinculado a riquezas ocultas, acerca más preguntas sobre la red de complicidades que pudo haber rodeado al asesinato.
