La flamante secretaria de Innovación, Ciencia y Tecnología, Adriana Baravalle, quedó en el centro de la polémica apenas un día después de asumir el cargo. En el sitio oficial de la secretaría, una captura tomada el 14 de agosto la identificaba como “Dra. Adriana Baravalle”, pero horas más tarde esa mención desapareció y el casillero con su nombre y función quedó en blanco.
El cambio coincidió con el surgimiento de cuestionamientos sobre el doctorado en Inteligencia Artificial que se le atribuye. El título fue emitido por la American Andragogy University, una institución con sede en Hawái que arrastra fuertes objeciones sobre su validez académica a nivel internacional.
En 2009, la Oficina de Protección al Consumidor de Hawái había iniciado acciones legales contra esa universidad, al determinar que no contaba con acreditación reconocida por el Departamento de Educación de Estados Unidos ni autorización para emitir títulos en ninguna jurisdicción. El litigio terminó en 2010 con una orden judicial permanente y el pago de 2.000 dólares al estado norteamericano. La institución también fue cuestionada en Panamá, donde la Universidad de Panamá no reconoce sus diplomas, y en Colombia, donde hubo pedidos de convalidación rechazados.
Pese a la polémica, en su perfil de LinkedIn Baravalle sigue describiéndose como “PhD in Artificial Intelligence”, aunque ya no menciona a la universidad hawaiana entre sus estudios. Además, la ficha que la Universidad Austral tenía sobre ella, donde figuraba como magíster y doctoranda, dejó de estar disponible y ahora arroja un error 404. El Gobierno no dio explicaciones sobre estos cambios ni sobre los cuestionamientos sobre los antecedentes académicos de la funcionaria.
